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Riesgos psicosociales del teletrabajo y cómo combatirlos desde una perspectiva de género

Riesgos psicosociales del teletrabajo y cómo combatirlos desde una perspectiva de género

Durante las últimas décadas se han producido una serie de cambios económicos, sociales y organizacionales, entre los que cabe mencionar la globalización de la economía, la aparición de las nuevas tecnologías de la información, la completa incorporación de la mujer al mercado de trabajo, y la creciente flexibilidad de las empresas, lo cual ha originado importantes modificaciones en las modalidades de trabajo, en las relaciones laborales y en la prevención de riesgos asociados a la salud de la persona trabajadora.

En este contexto en el que las organizaciones comienzan a interesarse y plantearse la implantación del teletrabajo se nos presenta una realidad social sin antecedentes en la sociedad de la información: una pandemia mundial que obliga a las personas trabajadoras a quedarse en casa y a las organizaciones a la implantación del teletrabajo. La crisis social del coronavirus significa tele-trabajar, y para las personas que tienen peques en casa, el verdadero reto de conciliar.

¿Pero en qué consiste exactamente el teletrabajo?

Encontramos que el grupo de expertos de la Comisión Europea y de la Fundación Europea definen el teletrabajo como “cualquier forma de trabajo desarrollada por cuenta de un empresario o un cliente, por un trabajador dependiente, un trabajador autónomo o un trabajador a domicilio, y efectuada regularmente y durante una parte importante del tiempo de trabajo desde uno o más lugares distintos del puesto de trabajo tradicional, utilizando tecnologías informáticas y/o de telecomunicación.

¿Está relacionada la modalidad de trabajo con los factores psicosociales de la persona trabajadora?

En España, la regulación legal de los factores psicosociales en el trabajo se inicia con la publicación del Real Decreto 39/1997 de los Servicios de Prevención, estos factores psicosociales según el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) quedan definidos como “aquellas condiciones presentes en una situación laboral directamente relacionadas con la organización del trabajo y su entorno social, con el contenido de trabajo y la realización de la tarea y que se presentan con capacidad para afectar el desarrollo del trabajo y la salud (física, psíquica o social) del trabajador. Así, unas condiciones psicosociales adversas están en el origen tanto de determinadas conductas y actitudes inadecuadas en el desarrollo del trabajo como de determinadas consecuencias perjudiciales para la salud y para el bienestar de la persona trabajadora”.

Cuando estas condiciones laborales generan respuestas de inadaptación, de tensión y respuestas psicofisiológicas de estrés pasan a ser factores psicosociales de riesgo o de estrés, Tal como indica la Organización Mundial para la Salud y la Organización Internacional del Trabajo los riesgos psicosociales laborales son hechos, situaciones o contextos con una clara probabilidad de dañar la salud física, social o mental del trabajador de forma importante, estos riesgos psicosociales se centra en la capacidad de ocasionar daño psicológico, físico o social que interfiera en el bienestar de trabajador.

Teniendo en cuenta la transformación en la organización y modalidad del trabajo, surgen nuevas necesidades y nuevas demandas. En esta línea, existe un número infinito de estudios sobre la relación entre demandas y recursos y la salud psicosocial de la persona trabajadora, no teniéndolo tan claro cuando hablamos de la persona teletrabajadora.

El teletrabajo requiere un conocimiento suficiente del uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, dado que para realizarlo son indispensables los dispositivos electrónicos y las TIC, adicionalmente es un trabajo que se realiza mayormente a distancia, fuera de las instalaciones de la organización contratante.

Rubbini (2012) realizó una revisión bibliográfica en la cual encontró en el teletrabajador una mayor vulnerabilidad en los siguientes riesgos psicosociales:

  • Sobrecarga de trabajo. las personas que teletrabajan a menudo perciben que la cantidad de trabajo que les es demandada les sobrepasa teniendo como consecuencia un aumento de la tensión y la aparición de estrés psicológico.
  • Ambigüedad de rol y Conflicto de rol. Proveniente de tener que atender a expectativas conflictivas del cliente y de la organización empleadora que pueden entrar en conflicto.
  • Tiempo de trabajo. Cuando no se fijan rutinas para teletrabajar los horarios se convierten en impredecibles afectando a los ritmos biológicos.
  • Exceso de exigencias psicológicas. Provenientes del uso de TICs que puede tener como consecuencia una mala adaptación (emocional, cognitiva y/o conductual) a cualquier medio informático.
  • Ausencia de relaciones interpersonales. Debido al aislamiento producido por la modalidad de trabajo.
  • Ausencia de liderazgo. Por falta de supervisión.
  • Conflicto familia-trabajo. Las demandas familiares interfieren en el correcto desarrollo de la jornada laboral con más intensidad al estar desarrollándose desde casa.

Por otro lado, si adoptamos una adecuada perspectiva de género, López, Pérez, Nagham, Ngwessitcheu y Vázquez (2014) realizaron una revisión bibliográfica y encontraron que la variable género estaba asociada con la no predisposición a aceptar el teletrabajo en mujeres. Esta correlación deja expuesto que aunque el teletrabajo pueda parecer una buena estrategia para que las personas concilien su vida laboral y su vida personal, trabajar desde el domicilio puede ser más estresante para las mujeres que para los hombres, puesto que si bien la participación de los hombres en las actividades domésticas ha aumentado, esto no ha provocado una división equitativa de las actividades domésticas entre hombres y mujeres, ya que las mujeres continúan realizando una mayor proporción de estas actividades que los hombres (Legaz, López y Moriones, 2010). Es por este motivo que el nivel de interferencia en el domicilio es más elevado en mujeres teletrabajadoras que en hombres. En relación con esto Higgins, Duxbury y Julien (2014) encontraron que la eliminación de los límites temporales y físicos que separan los dominios de trabajo y familia en la modalidad de teletrabajo obtiene como resultado niveles más altos de interferencia entre el trabajo y la familia.

Siguiendo esta línea, también se puede hablar de consecuencias concretas en la salud psicosocial de las personas teletrabajadoras:

  • Adicción al trabajo. Consecuencia de la cercanía, accesibilidad e inmediatez del puesto del trabajo, así como de la sobrecarga laboral.
  • Trastornos emocionales y psicológicos. Ansiedad, irritabilidad, estados depresivos, etc., originados en la fatiga mental, sensación de aislamiento, la que a su vez provoca: Incertidumbre en la actuación (mayor probabilidad de tomar decisiones erróneas), alteración de la percepción del tiempo, fatiga patológica física y/o intelectual, Desequilibrios y conductas alteradas, tanto a nivel socio-afectivo como cognitivo.
  • Bajo sentido de pertenencia con la organización. Debido a la ausencia de relaciones interpersonales y liderazgo positivo.
  • Sedentarismo.
  • Trastornos del sueño. En relación a la alteración horaria y ritmos biológicos.

¿Cuáles son las ventajas de teletrabajar?

Siendo conscientes de los riesgos y consecuencias que puede tener el teletrabajo, podemos hacer un balance de las ventajas y desventajas que presenta esta modalidad de empleo que a primera vista puede ser considerada una opción muy atractiva.

¿Qué recomendaciones podemos seguir para mantener nuestra salud psicosocial?

Para que primen las ventajas del teletrabajo, es necesario seguir algunas recomendaciones que nos ayudarán a disminuir el impacto de los riesgos psicosociales en nuestra salud mental.

Romero (2006), señala que “lo importante para una persona teletrabajadora es que tenga sentido de confidencialidad, disponibilidad, creatividad y actualización permanente

Por su parte, la guía realizada por el equipo de OTP para la seguridad y la autoevaluación del teletrabajo apunta las siguientes recomendaciones;

  • Trabajar en casa como lo haríamos en nuestro lugar de trabajo, tomémonoslo en serio.
  • Marcarnos unos horarios y hábitos estrictos.
  • Asegurarnos de que disponemos de un espacio adecuado para trabajar evitando ubicarnos en la cocina, el sofá o lugares desordenados.
  • Mantenernos en contacto con nuestros compañeros de trabajo.
  • Aprender a separar el ocio de las obligaciones laborales.
  • Incluir una rutina de ejercicio en nuestro plan diario.
  • Hacer pequeñas pausas para picar un snack saludable y estirar nuestros músculos y articulaciones.
  • Establecer pautas para consultar las redes sociales.
  • Contar con el apoyo de quienes conviven con nosotros, siendo imprescindible que la familia respete nuestros espacios de trabajo.

¿Qué hacemos con la conciliación del trabajo y la familia?

En este sentido, y desde una visión positiva Gómez & Carolin (2011) indican que la familia y el trabajo son generadores de desarrollo y satisfacción. La familia es una dimensión donde hombres y mujeres deben asumir diferentes roles y a los cuales no pueden renunciar fácilmente.

El trabajo, es un espacio que permite el desarrollo personal y profesional y en el cual se colocan a disposición de otros las capacidades, conocimientos y experiencias. De hecho, Feldman, Vivas, Lugli, Zaragoza & Gómez (2008) afirman que el trabajo y la familia no son esferas independientes de la vida; sino que existe entre ellas una relación muy compleja, que puede ser positiva o negativa. La relación positiva se presenta cuando las actividades y experiencias del rol laboral se compaginan con las de los roles familiares, logrando un balance satisfactorio entre ellas. En este caso, la interacción es beneficiosa para ambos campos. La relación es negativa cuando la participación en uno de estos roles obstaculiza la ejecución del otro, generando tensión y disminuyendo la satisfacción y el bienestar percibido.

Esto último es precisamente es lo que les está ocurriendo a muchas familias desde que comenzamos la cuarentena el pasado sábado con motivo de la lucha contra el Covid-19. Nos encontramos familias de lo más variopintas que tienen que trabajar mientras sus hijos e hijas deben atender el cole virtual (tecnoestrés por doble partida), mamá o papá no consiguen que funcione el maldito Skype para la reunión de equipo de la mañana mientras el más peque no sabe cómo utilizar el aula virtual del cole. Trabajar, limpiar, cocinar, cuidar y mantenerse cuerdos está siendo uno de los mayores retos de esta crisis.

Como veníamos comentando al inicio de esta reflexión, si tenemos en cuenta que las mujeres invierten el doble de horas que sus homólogos hombres en trabajos no remunerados, entendiendo los trabajos no remunerados como cuidado de hijos, personas dependientes, tareas domésticas (Padilla, 2020) podemos estimar la asimetría en el desempeño de tareas que puede existir y cómo se está afrontando la conciliación familiar durante la cuarentena. Por ello, resulta imprescindible adoptar estrategias de afrontamiento tomando en consideración la perspectiva de género para que el efecto del desajuste producido en el factor de riesgo familia-trabajo sea el menor posible. A continuación facilitamos infografía útil al respecto.

Referencias bibliográficas

Feldman, L., Vivas, E., Lugli, Z., Zaragoza, J., & Gómez, V. (2008). Relaciones trabajo-familia y salud en mujeres trabajadoras. salud pública de méxico, 50, 482-489.

Gómez, I. C. (2011). Conflicto trabajo-familia, en mujeres profesionales que trabajan en la modalidad de empleo. Pensamiento psicológico, 9(16), 89-106

Goñi-Legaz, S., Ollo-López, A., & Bayo-Moriones, A. (2010). The division of household labor in Spanish dual earner couples: Testing three theories. Sex Roles, 63 (7-8), 515-529.

Higgins, C., Duxbury, L., & Julien, M. (2014). The relationship between work arrangements and work-family conflict. Work, 48(1), 69-81.

López, N. W., Pérez-Simon, M. C., Nagham-Ngwessitcheu, E. G., & Vázquez-Ubago, M. (2014). Teletrabajo, un enfoque desde la perspectiva de la salud laboral. Medicina y Seguridad del Trabajo, 60(236), 587-599.

Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Real Decreto 39/1997, de 17 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de los Servicios de Prevención. 2018 [internet]. [Citado 21 de octubre 2018]. Recuperado de https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-1997- 1853.

Oficina Técnica de Prevención (2020). TELETRABAJO: Consejos de seguridad y autoevaluación. Recuperado de: https://drive.google.com/file/d/1TJZNiQq1_njn20AWyu1d-5wN6JSbo7CJ/view

Padilla, P. (13 de marzo, 2020). Hombres, ni en pleno apocalipsis nos movilizamos para cuidar. Eldiario.es. Recuperado de: https://www.eldiario.es/zonacritica/Hombres-pleno-apocalipsis-cuidados_6_1005159490.html.

Romero, J. M. (2006). La relación de trabajo y sus variantes. Letras jurídicas: revista de los investigadores del Instituto de Investigaciones Jurídicas UV, (13), 247-260.

Rubbini, N. I. (2012) Los riesgos psicosociales en el teletrabajo [en línea]. VII Jornadas de Sociología de la UNLP, 5 al 7 de diciembre de 2012, La Plata, Argentina. En Memoria Académica. Recuperado de http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab _eventos/ev .22 37/ev.2237.pdf.

Carmen Marín Vivas

Psicóloga y agente de igualdad en Amaltea Consultoría en Igualdad de Género

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